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Sueños y espirales

Archive for marzo 2009

Nunca sabes cómo de profundo es el pozo

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Nunca sabes cómo de profundo es el pozo.

Me auguraron siempre el éxito. Me dijeron que tenía una aptitud especial para el estudio y el trabajo. Me miraban con extrañeza, desconfianza, como si en mí hubiese algo sobrehumano, incomprensible para los demás. Oscuro. Yo viajaba por otras vías, mi camino estaba asegurado, y no había otra estación que la de destino. Sin paradas intermedias. Sin dudas. Tú vales chico. Me miraban a través de un bloque de hielo. Hielo blanco, hielo frío, hielo liso. Seguía mi estela allá incluso en la universidad. Era ajeno al libro, al profesor y al compañero. Cuando el tren ralentizaba, yo echaba más carbón, tensaba las cuerdas que me ataban a una silla y remontaba siempre, siempre remontaba.

Descarrilé cuando los sueños se fueron apagando. Cuando mis esfuerzos no daba ningún fruto sabroso, siempre ácido. Cuando descubrí que a mi alrededor generaba envidias y odios. Quería salir del bloque de hielo. No quería ser más esclavo de mí mismo y comencé a romper nudos y cristales. A moverme. Me dejé caer en un gran vacío. Desmostrando a mí, pero sobre todo a los demás, que soy batible, que soy imperfecto, que lo que hice fue porque quería hacerlo y no porque estaba destinado.

Caí, caí y caí. Casi ya con curiosidad por saber qué se escondía diez metros más abajo, veinte, treinta. Incluso saludé a los del final de clase cuando pasé a su lado. Ahora se reían ellos. Se reían porque el que una les hizo sombra ahora era eclipsado por seres tan pequeños. Seguí cayendo.

Se acumularon los ceros, los no presentados, las cartas, los retrasos, las amenazas de procesos judiciales, de consecuencias inesperadas, las multas, las auroras en desvelo.

El pavo real ahora miraba siempre al suelo, con sus plumas escondidas, porque ahora no lucían, eran feas, estaban sucias, a nadie ya encantaban.

Continuaba cayendo en la desesperación, como intuyendo despertar del sueño al tocar suelo. Ya no funcionaban los métodos de antes. Todo en vano. Ansiaba que de una vez saliese todo por los aires y abrir los ojos en mitad de la noche. Que un angelito me dijese que la función había terminado y que volviese a mi sitio, a mi carril. Pero nunca toqué suelo, siempre hubo un aún más abajo. Y nunca desperté del sueño, que era pesadilla.

Written by ertziano

23 marzo 2009 at 11:49 PM

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No es lo que tengas, es lo que eres, hombre

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-¡Qué sencillo es el mundo!-b.png

Written by ertziano

20 marzo 2009 at 1:55 AM

Publicado en parafraseando

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Las horas bajas

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Mis labios no estaban a más que unos centrimetos de los suyos. ¿La excusa? Una foto juntos. Le dije que se acercase. “Mírame”. Yo hice lo mismo. Unos centímetros. Un ligero gesto de cabeza, un roce de labios, y ahí estaría la respuesta, en forma de reacción, a la pregunta que desde hacía media hora, o una entera, me rondaba por la cabeza. Me apetecía besarla. Me apetecía como a veces me apetece tomar una coca-cola, que otras odio. Mi mano le cogía por la cintura. Mi cuerpo reclinado sobre el de ella en la noche. Me miraba. Yo también. Ardía yo entre brasas. Había poco que perder. Probablemente no la vería muchas veces más. Habíamos pasado todo el día juntos. Un centímetro. Pulsé el botón de la cámara. El obturador abrió y cerró en el mismo instante que yo decidí separar mi cuerpo del suyo.

– Mira la foto. Es perfecta – le dije.

– ¿Por qué?

– No he fotografiado una pose sino un instante, he capturado un pedazo de realidad.

Su cara, ahora vista desde otro ángulo, sonreía con cierta incredulidad en el momento congelado. Pero era una sonrisa pétrea. Extraña. Era la sonrisa de los quince días después. Era la sonrisa de la complicidad tranquila. Pero antes, quince días antes, ¿era un sí? ¿un no?

Caminamos. Caminamos en la noche. Igualmente, me sentía rechazado. No sabía si por ella o por el mundo. Me habló de un novio anterior, otro más de la lista. La observé caminar con sus tacones. Con su cabello fino, negro, muy negro. Con su bolso. Con su abrigo ancho. Y pensé que si mis labios hubiesen tocados los suyos, y estos no hubiesen huído, seguramente me habría encadenado al más-de-lo-mismo otra vez. La misma puta historia repetida sin fin. Los mismos malditos paseos abrazados. Las mismas conversaciones absurdas. Los mismos por-favores. Las mismas voces a bajo tono, o silenciadas. La misma eterna normalidad. La misma línea del amor de cartón. Eso sí, besos con lengua, polvos y compañía incluídos. Pero el precio a pagar volvía a resultarme excesivo.

Maldita sea. Caminaba yo despacio. Pensativo. Algo enojado. Como cuando otra chica, de orígenes vecinos, si que apartó sus labios meses atrás. Sentía el mismo resquemor interior. Esta vez, sin embago, el rechazo ahora no lo sentía de ella sino de algo que se encontraba un paso por delante. Esta vez, era el derecho a una vida normal el que me daba un portazo en las narices. Porque con pocas personas había mantenido últimamente un contacto tan agradable como con ella. Pero, a mis ojos, sobrepasar esa línea significaba la muerte de una parte de mí. Incluso con el fin único de la búsqueda del placer sexual.

Llegué a mi cochambrosa habitación. Encendí el ordenador. Descargué las fotos de la cámara. Puse la última, la del pedazo de realidad, a pantalla completa. Me masturbé mientras un vídeo suyo se reproducía en una esquina, una película porno en otra y la foto a tamaño completo, que estaba centrada en sus pechos, visibles en su escote y con el relieve de uno de sus pezones en la tela. Me masturbé durante diez o quince minutos. Intentando alargar el placer. Mis ojos saltaban de sus pechos, al porno, y del porno a su vídeo. En el audio, su voz superpuesta a los gemidos de la actriz.

Me corrí. Y el semen salió disparado con una fuerza temenda. Durante unos ocho segundos, en tres o cuatro tandas.

Miré al suelo. Con ese sentimiento que siempre tengo después de una paja, que es mezcla de libertad, claridad, descanso y, en un rincón, un latigo de la vergüenza. Como un yonki que recurre invariablemente a sus drogas en busca de redención, una rendención envuelta de pecado. No pecado católico. Pecado ético. Decepción.

Cerré el enjambre de imágenes y sonidos, tan insoportable en ese momento y me limpié. Esuché a Brahms y gocé de mis dos minutos de claridad mental. Disfruté de mi única verdadera droga. La que no te juzga, pero también la que no te abraza, para bien, o para mal.

Written by ertziano

19 marzo 2009 at 10:07 PM

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Tex-Mex

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De un mexicano que fue a Londres a casarse con una mujer:
“A la felicidad no hay que esperarla sino que hay que ir a por ella”

De otro mexicano, éste escritor:
“Yo escribo para tener una mayor percepción del mundo, de la vida”.

Y cuando escuché esta segunda frase me di cuenta de que precisamente fue esa la razón que me empujó a inciar unos estudios que, tras cuatro años, y contrariando por completo mis expectativas, habían acabado por ahogar la percepción, la sensibilidad que tenía en el momento de comenzarlos. Por eso mismo, esa misma razón es otra vez la que me empuja a abandonarlos por otros, aunque no me quede ya mucho en esa carrera y mis notas no hayan sido malas. No me importa. Hay que ir a por ella.

La guindilla:

“Todo el mundo tiene sus agujeros negros. Unos los tienen más grandes, otros más pequeños. Es una cuestión de alimentación”.

Written by ertziano

17 marzo 2009 at 12:53 AM

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Compañeros de viaje

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Sólo hablábamos para calmar el tedio del viaje. Chachareábamos como quien juega al fútbol, toma una siesta o ve la televisión. Sería una insensatez pensar que el televisor se jugaría la vida por nosotros, pero no por ello dejamos de pasar horas ante él, escuchándolo, observándolo. Al calor de sus imágenes . Ellos estaban allí. En el autocar, el avión o el tren. En el asiento de al lado, de enfrente o de atrás. Eran simpáticos, y comenzamos a hablar. Así llegaríamos antes a nuestro destino. No hablaríamos de nada importante, como la televisión tampoco lo hace, pero se haría de noche sin darnos cuenta, al menos. Al final del viaje quizás intercambiaríamos nuestros teléfonos, o nuestros correos, pero, seamos honestos, nunca volveremos a hablar. Y si sucede, muy probablemente será por cortesía.

No son amigos.Son compañeros de viaje. Accidentales. Prefieren estar al calor de unas palabras conocidas que permanecer en el frío del silencio entre la multitud. Pero no son amigos. Porque este es un término grande. Utilizado en balde, a menudo. Amistad y amor son gemelos confundidos con compañía. Novios que son compañeros. Amigos que son compañeros. Compañeros de viaje.

Cometía él a menudo el error de confundir también. Así primero descubrió que el amor no es una pareja que se besa, ni camina de la mano, o abrazada. No. Luego que la amistad no son dos personas que cada viernes por la noche quedan para salir, o la persona con la que comes cada día. No. Son compañeros, compañeros de viaje.

Cuando comprendió, la herida ya no sangró más.

Written by ertziano

14 marzo 2009 at 6:13 PM

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Bukowski

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Como ser un gran escritor – Charles Bukowski

tienes que follarte a muchas mujeres
bellas mujeres
y escribir unos pocos poemas de amor decentes

y no te preocupes por la edad
y/o los nuevos talentos.

sólo toma más cerveza más y más cerveza.

Ve al hipódromo por lo menos una vez
a la semana

y gana
si es posible.

aprender a ganar es difícil,
cualquier idiota puede ser un buen perdedor.

y no olvides tu Brahms,
tu Bach y tu
cerveza.

no te exijas.
duerme hasta el mediodía.

evita las tarjetas de crédito
o pagar cualquier cosa en término.

acuérdate de que no hay un pedazo de culo
en este mundo que valga más de 50 dólares
(en 1977).

y si tienes capacidad de amar
ámate a ti mismo primero
pero siempre sé consciente de la posibilidad de
la total derrota
ya sea por buenas o malas razones.

un sabor temprano de la muerte no es necesariamente
una mala cosa.

quédate afuera de las iglesias y los bares y los museos
y como las araña sé
paciente,
el tiempo es la cruz de todos.
más
el exilio
la derrota
la traición

toda esa basura.

quédate con la cerveza

la cerveza es continua sangre.

una amante continua.
agarra una buena máquina de escribir
y mientras los pasos van y vienen
más allá de tu ventana

dale duro a esa cosa
dale duro.

haz de eso una pelea de peso pesado.

haz como el toro en la primer embestida.

y recuerda a los perros viejos,
que pelearon tan bien:
Hemingway, Celine, Dostoievsky, Hamsun.

si crees que no se volvieron locos en habitaciones minúsculas
como te está pasando a ti ahora,
sin mujeres
sin comida
sin esperanza…

entonces no estás listo

toma más cerveza.
hay tiempo.
y si no hay
está bien
igual.

Written by ertziano

11 marzo 2009 at 3:47 AM

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A dos mujeres distintas

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Aprendo a reconcocerla cuando se aproxima y su sombra se dibuja sobre el árido cemento gris. Reconozco su aura en mis párpados pesados de muerte.
Su muerte, en mi somnolencia.
Su castigo férreo, en mi profunda desolación.
Sus palabras, en mi pensamiento fúnebre.
Su respiración, en mi hambre, o mi desgana.
La veo a un par de días en distancia cuando aún puedo sostener una sonrisa honesta.
Se aproxima como el atardecer contaminado de la semana, como la muerte anunciada de una vida por vivir.
Me cubre con su capa y nubla mi mente de odios y pozos secos

Sé quién eres, huelo tu aliento aunque vistas naturalezas muertas.

———–

Eres guapa, eres bella. Te miro porque tu rostro, y a veces tu cuerpo, es arte firmado por un tal Darwin.
Te miro porque indudablemente sabes vestir, sabes conjugar colores y telas. Sabes utilizar tu cara como un gran lienzo.
Te besaría, quizás, pero una sola vez, dos a lo sumo, porque es como formar parte por un instante de ese gran cuadro que eres tú.
De todas maneras, no estoy dispuesto a pagar el precio que me pides por ello, que es el de hablar contigo cinco minutos lo menos. Porque eres aburrida, consagrando tu vida a tu físico y a tu ego, que tú llamas clase. Porque temes contaminarte de aires y de ideas.
No me movería contigo como no lo haría con un coche de lujo, siempre temeroso de que se ensucie, me lo roben, o tenga un arañazo.

Por eso, como en un museo, te miro unos minutos y paso al siguiente cuadro.
Eres arte, sí, pero nada más que telas y cerámicas.
Probablemente una pieza más del coleccionsista que construye egos a base de ladrillos, piedras brillantes y ceros en una cuenta bancaria.

Written by ertziano

10 marzo 2009 at 10:34 PM

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Cruzando fronteras

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La idea me rondaba por la cabeza desde hacía tiempo pero esperé a que se posase en sus labios sin forzar nada.

– ¿Y por qué no te vienes a Dresden en autostop?

Es lo que había estado esperando que me preguntase durante toda la tarde. Había recorrido una pequeña parte del sur de Francia a dedo, ahora mi objetivo apuntaba al norte.

– Además, hay un bus que por 12 euros te lleva desde Dresden hasta Berlín. Allí, el hermano de mi novia te puede acoger. Él está metido en estos clubs.

París-Estrasburgo-Dresden-Berlín-París. Calculé unas dos semanas. Tendría que pedir que alguien me sustituyese en mi pequeño trabajo y buscar apuntes después. Nada grave.

Había negado siempre la idea del billete de avión directo al hotel, de los fines de semana o de las semanas en grupo. Un viaje así se convierte en poco más que una visita a un centro comercial multicolor. Ahora dudaba también del valor intrínseco del viaje, en cualquier forma. Integrarse completamente en una ciudad es harto complicado en un año, cuanto más en unas pocas horas. La esencia se capta muy lentamente, entre un mar de imágenes, palabras y sonidos que a ojos cegados por la propia cultura y uno mismo se malinterpreta o, símplemente, se ignora.

Pero hay quienes pasan las horas de ocio recorriendo escaparates o grandes almacenes. Hay quienes leen, tocan un instrumento o ven una película. Miran la televisión o escuchan la radio. En mi caso, podría entonces pensarse que se trata de un pasatiempo como cualquier otro, avivado por la curiosidad o retos inventados a superar. Pero no. Sea o no un pasatiempo, que seguro que lo es, había un sentimiento siempre arraígado en mí que me empujaba a mirar a destinos imposibles con medios escasos. Y es que la sensación de libertad siempre la he asociado al movimiento. Desde que hace no demasiados años llegué a la playa, desde mi casa, a bici. Algo que durante más de una decada había ansiado sin llegar nunca a conseguir , he visto en el viaje, largo o corto, como una forma de liberación. Así, cuando atravieso una frontera provisto de la incertidumbre que te otorga una bolsa de ropa y comida y no muchos euros en el bolsillo, ese profunda sensación de libertad, de ser libre para, al menos, vagar por el mundo, emerge en mí soñándome una vez tras otra, a pesar de las decepciones, desembarcando en ciudades imaginadas.

Written by ertziano

2 marzo 2009 at 10:43 PM

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Riquezas

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No es lo mucho que tengas, ni lo poco que necesites. Es utilizar lo mucho o lo poco con verdadera pasión.

Written by ertziano

2 marzo 2009 at 9:04 PM

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