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Sueños y espirales

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La caja

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[Viajes en el tiempo]

Habíamos huído de casa y nos refugiábamos en el piso de los abuelos, y mi tía, y mi tío. El piso era tan pequeño, que el único espacio que me pertenecía era una caja de madera de unos cincuenta centímetros de largo y unos veinte de ancho y alto, bajo mi cama plegable, en la habitación de mi abuela, y mi abuelo, y mi madre. Era toda una suerte; los primeros seis meses fueron peores; durmiendo en el sofá, con dos dedos rotos y sin caja aún.

Y por las noches, en el silencio y fuera de miradas indiscretas porque ya todos dormían, la ilusión de estar en mi propia habitación inundaba la madrugada. Bajaba la mano por el filo del fino colchón y de la pequeña caja sacaba el walkman y algún cassette al azar, de entre libros, revistas y más música. Me ponía los cascos y pulsaba el largo botón plástico del play. Clack! Flufffffff, y Estopa en mis oídos. En otras, la radio me acomapañaba en aquellas noches y yo me recubría de las preocupaciones cotidianas de los oyentes de aquel programa de llamadas, en los 40 Principales. Con mis dedos, separaba un poco el visillo del pequeño balcón que estaba pegado a la cama. Y observaba desde aquel entresuelo del suburbio, hipnotizado, una calle que podría ser cualquiera del cinturón rojo de Barcelona. La gente que pasaba, los coches, la parada de buses nocturnos, la farola pertinaz…

A las ocho, el bullicio de un piso de alta densidad me despertaba sin necesidad de reloj alguno. Las esperas frente a la puerta del lavabo. El tazón de Cola Cao humeante en la mesa. Y paseando frente al parque llegaba al instituto cada mañana, puntual, como si nada. Pocos sabían. Por la tarde haría los deberes en la mesa del comedor, acompañado de la telenovela y el programa de sucesos que luego era uno de chismes. Después, el parte. Tradición en ca l’abuela.

A alguien, en casa, comenzó a preocuparle mi comportamiento. Yo no lloraba, o lo hacía poco, ni parecía demasiado infeliz, ni mis notas bajaban. Eso no era nada normal, así que me hicieron visitar a una especialista de la Seguridad Social. Duró dos sesiones, nada podía hacer conmigo aquella señora. Y es que ellos no sabían del poder de la imaginación; de como una caja puede ser un refugio, y una ventana una bombona de oxígeno cuando la vida ahoga. Y de fondo, sonaba Estopa.

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Written by ertziano

29 julio 2009 at 1:29 AM

Un lugar en el mundo

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Mi pasado es el eje de mi vida. He logrado un imposible viniendo de donde vengo, pero no he podido soportar el vértigo y he terminado por caer. Siempre he vivido en los suburbios, un lugar donde violencia y lealtad se mezclaban de una manera sutil. Entre ellos, tenía un hueco. Quizás no el más cómodo, pero era una posición de desprecio aliñada con respeto que me daban un lugar en aquel ninguna parte. Me sentía cómodo porque, a pesar de todo, yo jugaba un rol en aquel tablero que todos habíamos asumido. Por eso, nunca tuve demasiados problemas y pude, mejor o peor, relacionarme como un camarada más.

Sin embargo, llevo ya unos años fuera de aquella selva y cada vez sé menos cual es mi lugar en la corte. Ahora ya no suscito ni desprecio ni respeto, tan solo indiferencia, y eso me desquicia. Soy uno más en la carrera por un empleo o una nota. Uno más que cada vez se vuelve más débil. Para colmo, los paraísos soñados, como la universidad o el extranjero, eran mitos que con el tiempo se han demostrado falsos.

Hay algo que me perturba. La fauna que dejé atrás vuelve a atraerme porque la corte se demuestra apática ante la vida. La ofuscación con sus trofeos siempre de papel les veda el paso hacia la realidad de los sentimientos puros. Algo, que en aquella fauna, aún sobrevivía. Yo, no sé cual es mi lugar.

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En me demandant si je croyais en Dieu, j’ai répondu que non. Il s’est assis avec indignation. Il m’a dit que c’était impossible, que tous les hommes croyaient en Dieu, même ceux qui se détournaient de son visage. C’était là sa conviction et, s’il devait jamais en douter, sa vie n’aurait plus de sens. «Voulez-vous, s’est-il exclamé, que ma vie n’ait pas de sens?»

Camus – L’étranger

Written by ertziano

23 enero 2009 at 2:23 AM