fugi tivos

Sueños y espirales

Posts Tagged ‘objetos

Riquezas

leave a comment »

No es lo mucho que tengas, ni lo poco que necesites. Es utilizar lo mucho o lo poco con verdadera pasión.

Written by ertziano

2 marzo 2009 at 9:04 PM

Publicado en palabras

Tagged with , , , ,

Requiem por una libreta

leave a comment »

La otra ya estaba llena. No le cabía una sola palabra más. Creo que acabó con una lista de la compra o algo así. A una libreta hay que tratarla con desprecio. El mismo papel debe servir para escribir un poema venido en un momento de excelsa inspiración como para anotar la agenda del día. Si al papel se le tiene respeto, uno nunca es verdaderamente capaz de sincerarse con él.

Sabía un sitio donde podía encontrar el tipo de modelo que quería. Básicamente, uno suficientemente pequeño como para que cupiese en el bolsillo de mi pantalón, sin llegar a ser incómodo, pero suficientemente grande como para poder escribir, al menos, una oración completa en cada línea. Buscaba la misma que acababa de completar. En sus últimos días, sus rojas y finas cubiertas de cartón estaban ya muy raídas. Me sentía orgulloso de ella al verla con aquel deplorable aspecto: “Ésta es una libreta con mundo”, le decía mirándola cuando la sacaba de algún rincón de mi pantalón, o de mi abrigo, en pleno viaje interurbano. Como yo, ella también tenía orígenes humildes. La vi en un Carrefour lyonnais. Entre las más pequeñas ella era la más barata. Sin embargo, al mismo tiempo, también me parecía algo cara. Mentalmente, no la valoraba en más de 50 centímos de euros, pero su precio marcaba un euro entero. El mismo precio que las libretas grandes y vanidosas. La necesitaba pero no estaba dispuesto a pagar el euro, porque me parecía injusto por poco que fuese. Miré al amigo que acompañaba en aquel momento, le miré fijamente a los ojos mientras mis labios dibujaban una sonrisa cada vez más profunda. Él no comprendía, y yo, aún sosteniéndole la mirada, dejé que mi brazo derecho introdujese 76 páginas de papel Carrefour en el bolsillo derecho también de mi tejano. Sutil. Mi corazón palpitó como un martillo al cruzar la salida pero, una vez estuvimos fuera, casi nos abrazamos de alegría por ese miserable euro que me ahorré. “¿Contento?” me preguntó él con algo de rentintín, “Contentísimo… No ha sido un robo, ha sido un acto de justicia romántica”.

Pues bien, otra vez me encontraba en la misma tesitura. La maldita libreta de 76 páginas volvía a costar un euro, bueno, coma cero seis céntimos en esta ocasión. El caso es que era de marca “Clairefontaine” y no “Carrefour”, por lo que el papel parecía de mejor calidad, eso le daba cierto valor añadido que acallaba mis roñosos remordimientos . La cogí, decidido a pagarla pero, al dar el paso definitivo hacia la caja, vi otra ligeramente más ancha pero no más grande, lomo de tela y con unas cubiertas preciosas. Aclaremos que mi definición de “precioso” no es más que algo sin colores llamativos, ni publicidad, ni numeros ni cosas raras en las cubiertas. Igualmente despreciable, pero sintiéndome menos estúpido al sostenerla. Miré el precio, tres euros treinta y tres. Oh, mierda. Por ese dinero puedo comprarme una super libreta de las grandes. Dudé. Dudé mucho. Entonces se me ocurrió la idea. Cogí dos. Mientras continuaba mirando las estanterías, guardé una en el bolsillo de mi pantalón, otra vez. La otra, al mismo tiempo, la volví a colocar en el estante. Ilusionismo, desviar la atención del espectador de la trama principal, si es que había alguno. Comencé a caminar pero, súbitamente, me desbordó la esquizofrenia. Creí ver como los empleados de la tienda miraban, con gesto de sospecha, directamente a mi bolsillo. El objetivo de alguna cámara se clavaba en mi pantalón. Los clientes me declaraban su desprecio al cruzarme con ellos. Intenté apaciguar la oleada de percepciones yendo a comprar otra cosa. Cogí un tipex (o “liquido blanco”) y, ya sí, fui directo a la caja. Mientras esperaba, el corazón se me salía. Soy un chorizo. Soy un chorizo. Mis manos sudaban, las piernas me temblaban. Mi cara, un poema. Quería mantener la compostura pero, al hacerlo, no hacía más que empeorarlo, porque entonces tomaba conciencia de todas las articulaciones de mi cuerpo, de todos mis músculos, de todos mis tics, y eso es mucho a controlar. Un euro veinte. Pagué. Me dirigí hacia la salida, donde se encontraba el guardia de seguridad. “Ahora es cuando me paran”. Al pasar por delante del guardián, éste miró un instante el ticket que llevaba en mi mano, después su mirada voló hacia alguna otra parte. Salí de la tienda, inseguro. Pensando que los empleados que miraron hacia mi pantalón aún tenían tiempo de salir corriendo tras de mí. No pasó nadá. Palpé con la mano el sitio donde se encontraba el botín, en el bolsillo derecho y me di cuenta que sobresalían, visiblimente, dos dedos de botín…

IMAGE_00482libreta.jpg

Entonces pensé que esto de robar la libreta donde escribo se estaba ya convirtiendo en un ritual. Aunque, con un punto de preocupación, observé que cada vez eran más caras. ¿Sería la siguiente una Moleskine? No, porque dificilmente podría escribir la cesta de la compra en una Moleskine, y eso, claro, acaba con la gracia del asunto.

Written by ertziano

15 enero 2009 at 7:56 PM

Publicado en paisajes

Tagged with , , , ,