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Sueños y espirales

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Mentira

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Me siento incómodo. Hay algo en estas calles, en estas paredes, que me devuelven a lo que detesto. La mentira. Mis mentiras. Hace muchos, muchos años, que me cansé de mentir, incluso de mentir piadosamente. Desde entonces, cada vez que una gota de hipocresía moja mi frente, algo se revuelve en mi conciencia. Rara es la vez que de entre mis labios nace un embuste, y si ocurre, inmediatamente me desdigo como un padre que calla a un hijo. Miserable, odioso; no soporto escucharme ni en pensamiento cuando me siento pretender, fingir, aparentar, ocultar. Huyo de mí hasta el rincón de alguna nota, hasta el instante de algún fotograma sólo por creerme desaparecido de mi propia existencia.

Y estas calles, estas malditas calles me devuelven a tiempos de mentiras. No sé por qué. Los escenarios son algo más que un mero decorado, eso está claro. Las viejas luces se cuelan por entre las pieles y nublan la mente. Miserable, me inclino ante la cobardía de una mentira. Y yo odio a los cobardes y odio la mentira.

Ten valor, no te ocultes entre vacíos y ficciones.

Written by ertziano

30 julio 2009 at 3:16 AM

Vivir en círculos

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El viaje comienza exactamente en el momento en el que la idea aparece repentinamente en nuestra cabeza por primera vez. Puede ser una idea idea robada de alguien que en ese momento nos habla o puede ser una semilla enterrada tiempo atrás que ahora aparece en forma de pequeño tallo sobre la superficie de nuestra vida. No importa. Si está de verdad en nosotros, se quedará allí para siempre, aún cuando en ocasiones creamos olvidarla. Y aunque no la miremos, ella, ajena a nosotros, se hará más y más grande hasta que un día se cuele detrás de nuestro nombre, o de nuestros apellidos. Nos toparemos con ella en mitad de un bosque cuando el perfume de las margaritas nos transporta a nuestra infancia. Cuando sentados en la silla de un McDonald’s, percibimos el particular aroma del lugar y recordamos lo que ya desde muy jóvenes empezábamos a aborrecer. De repente un día llega para quedarse, silenciosa, sin hacerse notar. No importa que un mes después ya ni sepamos como se llamaba, veinte años más tarde, sentados en el banco verde de un parque cualquiera, giraremos la cabeza y nos la encontraremos allí, a nuestro lado.

Por eso es tan difícil saber lo que realmente uno es, porque la mayor parte de lo que nos hace, nos moldea, permanece invisible incluso a nuestros propios ojos, como la materia en el universo, y luego quizás en un día al azar, caminando por un pasillo cualquiera de metro, reconocemos, entre el tumulto, unos ojos familiares, y allí en la nada nos vemos reflejados en un pasado que nunca nos llegó a abandonar.

¿Qué me trajo a Francia? ¿Un viaje? ¿Una película? ¿Una canción? ¿Un cuadro? ¿Un filósofo convertido a científico? Todo y nada, y es que hace un año yo me imaginaba a mí mismo vagando por Finlandia, por su nombre y por otra película. Pero un sueño añejo me dio un golpe brusco en el timón y hasta aquí me condujo. Y ahora escribo esto, en el asiento de un vagón que cruza el corazón de París.

En una película muy mala dicen que los sueños nacen de los traumas. No lo sé, podría, ¿pero y qué importa, mientras soñemos?

Written by ertziano

6 abril 2009 at 9:59 PM

Publicado en pensamientos

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Un lugar en el mundo

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Mi pasado es el eje de mi vida. He logrado un imposible viniendo de donde vengo, pero no he podido soportar el vértigo y he terminado por caer. Siempre he vivido en los suburbios, un lugar donde violencia y lealtad se mezclaban de una manera sutil. Entre ellos, tenía un hueco. Quizás no el más cómodo, pero era una posición de desprecio aliñada con respeto que me daban un lugar en aquel ninguna parte. Me sentía cómodo porque, a pesar de todo, yo jugaba un rol en aquel tablero que todos habíamos asumido. Por eso, nunca tuve demasiados problemas y pude, mejor o peor, relacionarme como un camarada más.

Sin embargo, llevo ya unos años fuera de aquella selva y cada vez sé menos cual es mi lugar en la corte. Ahora ya no suscito ni desprecio ni respeto, tan solo indiferencia, y eso me desquicia. Soy uno más en la carrera por un empleo o una nota. Uno más que cada vez se vuelve más débil. Para colmo, los paraísos soñados, como la universidad o el extranjero, eran mitos que con el tiempo se han demostrado falsos.

Hay algo que me perturba. La fauna que dejé atrás vuelve a atraerme porque la corte se demuestra apática ante la vida. La ofuscación con sus trofeos siempre de papel les veda el paso hacia la realidad de los sentimientos puros. Algo, que en aquella fauna, aún sobrevivía. Yo, no sé cual es mi lugar.

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En me demandant si je croyais en Dieu, j’ai répondu que non. Il s’est assis avec indignation. Il m’a dit que c’était impossible, que tous les hommes croyaient en Dieu, même ceux qui se détournaient de son visage. C’était là sa conviction et, s’il devait jamais en douter, sa vie n’aurait plus de sens. «Voulez-vous, s’est-il exclamé, que ma vie n’ait pas de sens?»

Camus – L’étranger

Written by ertziano

23 enero 2009 at 2:23 AM