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Sueños y espirales

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Miserias

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Ojalá pudiese evitarlo y así brillar como el Sol en la mañana. Pero por más que en pensamiento y alma me oponga a ello, la apisonadora de los ineludible aplasta mis días, mis segundos y mis respiros. Creí vivir pero no fue más que un sueño.

Desnudo, tirado sobre un viejo colchón, mientras mi cuerpo malherido se deshace de sí mismo. A través de mis párpados entrecerrados observo los rayos atravesar, primero, el nebuloso cielo y después mis maltrechas cortinas. Pestañeo y ya es noche. El hambre acecha y yo rebusco en una nevera vacía y putrefacta restos de comida con los que llenar mi estómago.

Salgo de mi cuarto cubierto con la tela de un calzoncillo. Mi vecino me observa con pena y desconfianza. Me preguna algo que no logro comprender y, sin atender a su voz, vuelvo a entrar en mi infierno.

————

Quizás sospeches que te considero bella entre las más bellas. Lo que quizás nunca sepas es que, por no mirarme, tus ojos no pueden acallar la soberbia que desbordas.

Written by ertziano

19 enero 2009 at 3:56 AM

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Paraules d’amor

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Written by ertziano

16 enero 2009 at 1:39 AM

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Besos para todos

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RERB: Antony – Luxembourg. 13/01/09

Estaba leyendo el audiolibro cuando, repentinamente, escuché una voz a mi espalda: “Madams y messiers, buenos días a todos. Por favor, les pido unas monedas para poder vivir…” La murga de siempre y ahora más molesta que nunca en plena audiolectura. Intenté ignorar y seguir leyendo pero resultaba imposible. Su voz martilleante a la vez que mi mala conciencia por ignorar a un necesitado me detuvieron de mi actividad durante los cinco minutos que duró el sermón.

Acabó. Continué. Inútilmente; tres minutos después un hombre joven, de unos 30, esta vez de piel negra, entró en el tren y comenzó nuevamente a hablar en voz alta a la audiencia allí presente. Sin embargo, éste se detuvo inmediatamente, antes siquiera de pronunciar sílaba completa. Justo en ese momento irrumpía en la estación el tren de la vía contraria. El ruido ensordecedor de los motores le impedía escuchar su propia voz. Pacientemente esperó con una sonrisa en sus labios. Se le notaba tímido y algo le delataba bondadoso. Sonó el aviso y finalmente se cerraron automáticamente las puertas del tren, comenzó éste a acelerar lentamente.

Empezó la función: “Madames, monsieurs, mademoiselles… Para combatir el frío que hace afuera, ¡les envío besos a todos! Besos a todos, decía mientras realizaba un expresivo gesto, algo tosco, dándose con sus dedos pulgar, índice y anular sobre sus labios, impregnados de sonrisa, cerrados como un piñón. “Besos para los señores, las señoras, en especial las señoritas, para todo el tren y besos también para el Monsieur presidente” rubricó con cierta ironía. Y ahí ya fue cuando yo ya no pude reprimir una sonora carcajada. “Sin embargo, debido a mi situación de necesidad, me veo obligado a pedirles unas monedas, unos tickets de restaurante o lo que sea. Gracias y ¡besos a todos”, finalizó él, pirotécnico.

Lancé mi mano rauda sobre mi cartera (¡Este tío es un cachondo!, seguro que con un poco de dinero sabe salir adelante) pero los pasajeros que estaban a su lado le dieron inmediata y alegremente unos euros (ambas cosas poco habituales). Entonces fue cuando yo retiré la mano de mi bolsillo. Si todos los pasajeros le daban dinero de esa manera, este tío iba a hacerse rico, tampoco era eso. Continuó caminado, con una evidente cojera, y pasó por mi lado, mientras se disculpaba con la sonrisa ya entrecortada: “Je suis desolé, normalmente no hago esto”.

Al final, los dos del principio fueron los únicos que le dieron algunas monedas y yo acabé arrepentido de haber retirado la mano de mi bolsillo.

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Written by ertziano

13 enero 2009 at 5:13 PM

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